Una visita realizada en agosto de 2004

La Kaverno di Zaratustra, el grupo anarco-comunista que había fundado Filareto Kavernido, dispuso de una pequeña finca con una especie de cabaña-cueva en una región campestre a unos 25 kilómetros al este de Berlín llamada Rotes Luch desde aproximadamente finales de 1920. Según el libro del anarco-comunista francés E. Armand “Utopías: Gentes y comunidades curiosas”, Filareto había intentado establecerse con su grupo antes en Spreenhagen, al sureste de Berlín, de donde fueron expulsados al cabo de pocos meses. A principios de 1921 se trasladaron a este nuevo emplazamiento hasta su marcha a Francia en la primavera de 1926. Según nuestras informaciones era una parcela de tamaño relativamente reducido en la que, como había expuesto Filareto Kavernido en su folleto de “Ideas fundamentales sobre la organización”, pretendía sentar las bases de una economía comunitaria basada en la hortofruticultura, la cría de gallinas y otros animales domésticos y la agricultura.

Las ideas que expone Filareto en la serie de folletos que publicó en 1919-1920 (Se trata de 3 folletos que se publicaron en nombre de “La Kaverno di Zaratustra” con los títulos “Consideraciones filosófico-culturales”, “Civilización y cultura” y “Lucha cultural en lugar de lucha de clases”. Se pueden encontrar en la biblioteca del International Institute of Social History de Amsterdam.) describen “la Kaverno” como “aquella cueva de Zaratustra llena de recovecos y pasadizos en la que se juntan todos los que vagan extraviados y los que están acosados, los proscritos y los fugitivos, para convertirse en el hombre superior”. Los principios de la organización resumen en 8 puntos las metas concretas de la comuna, y en especial las tareas económicas: en cada ciudad todos aquellos que estén de acuerdo con estas ideas deberán “juntarse en un grupo comunista”, alquilar viviendas para vivir juntos en ellas, cubriendo de manera conjunta la compra de víveres “y la satisfacción de las demás necesidades” (punto 1), aunque de momento prosigan normalmente desempeñando sus empleos habituales (2); el dinero ahorrado gracias al “modo de vida comunista” lo invertirán en el establecimiento de talleres y en la puesta en explotación de huertos, gallineros, criaderos de animales domésticos y cultivos agrícolas (3). El resultado será que cada vez se podrá “liberar a más compañeros del proceso de producción actual para que puedan situarse plenamente en el modo de vida anarco-comunista…” (4) Para ello deberán aprovecharse todas las posibilidades que se presenten de establecer empresas eventuales y “talleres o unidades productivas auxiliares” dedicados por ejemplo a “hacer leña y astillas o para manufacturar objetos de artesanía” (5) contribuyendo así a que los grupos de comuneros sean de pequeña dimensión con objeto de hacer imposible la masificación y formación de “cuarteles” (6). Todos los grupos que “se han ido formando así aquí y allá” conforman conjuntamente una “organización anacional” (es decir, que no reconoce ni fronteras ni países) que “representa una comunidad de producción y consumo establecida sobre estrictas bases comunistas” (7). Por lo demás, esta organización no reconoce otra autoridad que “la razón de cada individuo”, y su único medio de coerción sólo puede ser “el amor del que crea y produce”. (8).

El Rotes Luch, cuyo nombre hace referencia al color rojizo o parduzco de los arenales teñidos de sedimentaciones ferruginosas y a su origen como antigua laguna, está situado junto a la línea de ferrocarril que va de Berlín a Küstrin. Es una pequeña depresión de terreno pantanoso desecado atravesada por un riachuelo, el Stobber, que en parte había sido ya canalizado en los años 20. Una particularidad del terreno es que en él se encuentra la divisoria de aguas, de manera que el Stobber, alimentado por manantiales subterráneos, fluye en dos sentidos desde un punto determinado en medio del Rotes Luch: hacia el norte, hacia la cuenca del Oder para desembocar en el Báltico; y hacia el sur, hacia la cuenca del Spree y el Elba para desembocar finalmente en el Mar del Norte. Además, un par de kilómetros al norte se encuentra una zona natural protegida de arroyos, bosques y parajes rocosos, la Suiza Sajona ((Ver una bonita descripción en la página web: www.maerkische -naturfotos. Online-bildband der Natur und Landschaft Brandenburgs)). Allí mismo, en Buckow, asignarían a Bertolt Brecht y a Helene Weigel a finales de los años cuarenta las autoridades culturales de la R.D.A. una residencia de verano, hoy convertida en casa-museo Brecht-Weigel.

Conocemos el Rotes Luch y la presencia de la Kaverno di Zaratustra por algunas descripciones de la época, como por ejemplo por la mención aparecida en Rumpelstilzchen – Berliner Allerlei referida al año 1921 ((Rumpelstilzchen – Berliner Allerlei, Verlag der Täglichen Rundschau, Berlín, 1922)), una columna satírica de prensa con cotilleo y crítica social y de costumbres desde una perspectiva conservadora, o por el libro de Harry Wilde ((Harry Wilde: Theodor Plievier – Nullpunkt der Freiheit, Eduard Kaiser Verlag, München 1965)), que refiere su visita a la comuna en Berlín en 1925. También en ökopax und Anarchie ((Ökopax und Anarchie, Ulrich Linse, dtv München 1986)), de Ulrich Linse, se habla de una reunión de dirigentes y activistas del movimiento de establecimiento de colonias anarquistas celebrado en las cercanías de Bremen, en Barkenhoff en 1921. En la reunión participaban unas 35 personas, con el objetivo de “sentar un hito del movimiento libertario alemán” y de deliberar sobre “cómo procurar las bases de la alimentación de todos los que trabajan productivamente”. El tema de la reunión era “la conquista del pan. Considerábamos que había llegado ya la hora de cumplir nuestra palabra. Y nuestros planes no tenían nada de utópico, de fantástico o de desproporcionado. No se trataba de obtener el poder político, de momento sólo: el pan, la luz y el aire”. Al mencionar a los participantes procedentes de la región industrial del Ruhr, en Renania, dice el ornitólogo de Stettin Paul Robien que “ahí están también los venidos del infierno industrial sucio de hollín. Y ¿qué pretenden? Nada menos que librarse de este abrazo diabólico, salir al aire libre, comer su propio pan, buen pan, y trabajar al sol y al aire libre. Uno tiene cinco hijos, que echan en falta la luz natural, que viven con él en la irrespirable atmósfera de la industria y tosen sin parar. Quién haya visto la amargura y la decisión que se expresa en la mirada de estos compañeros comprenderá que todavía queda esperanza en las masas.” Así pues, los reunidos representan proyectos más o menos desarrollados de la llamada Siedlungs-Aktion o movimiento de establecimiento de colonias en la naturaleza; vienen a Barkenhoff de las cercanas colonias del norte como Sonnenhof, Worpswede o Hamburgo, pero también de zonas más alejadas e industriales, como Stuttgart o Renania, además de nuestro Dr. Goldberg, procedente de Berlín en representación de la Kaverno di Zaratustra, de quien el citado Paul Robien deja la siguiente semblanza: “un profeta ascético vestido con ropajes de Jesucristo”, que apenas había hablado; pero cuando de pronto “el santón berlinés abre la boca para farfullar unas palabras hosca y quisquillosamente sin que ninguno de los presentes entendamos nada ni lleguemos a comprender lo que nos quiere decir con toda su perorata, se levanta y emprende una brusca retirada acompañado de su pareja femenina.” Nada que comentar; da toda la impresión de que ya en 1921 Filareto se había ido aislando de aquellos correligionarios a los que pocos meses atrás estaba intentando convencer de la bondad y la fuerza de sus argumentos y su ejemplo ((Aislamiento relativo, si se considera que, como dice E. Armand en su libro citado sobre las Utopías, tenían además una comuna en Düsseldorf Eller. Sabemos por una de las hijas de Hannchen, Lotte, que ella misma pasó una temporada en Düsseldorf e incluso fue allí a la escuela, de manera que existía una relación estable de tutela o cooperación)).

También en el libro de recuerdos de Max Fürst, publicado en los años 70 ((Max Fürst: Talisman Scheherezade- Die schwierigen zwanziger Jahre, Hanser Verlag, Munich 1976)) y en el que se describe con bastante detalle su vida y sus relaciones con Hannchen en aquellos años, se trata con poca simpatía al Dr. Goldberg, al que tilda de Pygmalión despótico y al que dedica algunos comentarios más bien críticos al hablar sobre aspectos de la comuna y de las relaciones dentro de la misma. Sin embargo, en este libro no se menciona la existencia del Rotes Luch, que seguramente Max Fürst no llegó a conocer.

Una descripción muy interesante de la zona, escrita en 1922, se encuentra en el artículo de un joven anarquista llamado Bruno Zimmermann, titulado Rotes Luch y que está recogido en un libro de Ulrich Linse (Ulrich Linse: Die anarchistische und anarcho-syndikalistische Jugendbewegung 1919-1933 – Zur Geschichte und Ideologie der anarchistischen, syndikalistischen und unionistischen Kinder- und Jugendorganisationen 1919-1933, dipa-Verlag, Frankfurt am Main 1976. Hemos obtenido una copia del artículo por cortesía del Prof. U. Linse). Bruno Zimmermann cuenta la importancia que tiene para los jóvenes aquella modesta e inacabada colonia de cabañas de campo en parcelas distribuidas a lo largo del canal del Stobber en la que pueden pasar unos días en libertad, viviendo en grupo, sin autoridad de ningún tipo y dedicados a trabajos de construcción y cultivo de huerto similares a los que propone Filareto Kavernido en sus escritos citados. Para llegar allí describe cómo hacen una hora de camino a lo largo de las vías desde la estación de ferrocarril de Strausberg. La parcela, atravesada por algún brazo del canal, con unos pocos abedules, está en el centro del Rotes Luch. Tiene unas dos hectáreas y ha sido arrendada por 180 marcos por tres años al dueño de las tierras, del que no da otra información. El bosque se halla a unos cientos de metros, al borde del mismo hay algunas casas e incluso un edificio de varios pisos que alberga un reformatorio. Los jóvenes pasan ahí días, semanas o incluso meses; se dedican a construir una edificación algo más sólida que les permita pasar los meses de invierno, una especie de cabaña “con tejado redondo de caña y juncos, dentro una estufa de hierro, unas yacijas de hojarasca con mantas, una estantería para los cacharros de cocina, herramientas de mano y una despensa para los víveres. Fuera han construido un gallinero y un corral con cabras. Siembran con desiguales resultados tomates, judías verdes o zanahorias. El carbón se lo procuran en los depósitos cercanos del ferrocarril. En sus discusiones políticas sobre la mejor forma de revolucionar la sociedad ya algunos les han avisado del carácter “individualista, capitalista y destructor de la organización que tiene todo intento de establecer colonias en las condiciones socioeconómicas actuales”; pero para ellos se trata de construir un refugio para jóvenes sin familia, un reducto de libertad. En un momento dado viven unos 8 o 9 jóvenes, entre ellos tres chicas. Duermen en tienda de campaña y al raso, pues la cabaña es demasiado pequeña. Unos vivían en la ciudad y venían cuando podían. La comida era escasa, el trabajo mal repartido. Un joven carpintero que había venido con una amiga, nos cuenta el narrador, parecía confundir el “amor libre con un disipado libertinaje, y después de dos meses estaba tan destrozado que no era capaz de nada”. Entonces los del grupo le dijeron que “quien no estando de acuerdo con nuestros principios se queda aquí, es un auténtico villano”. De modo que el joven carpintero, seguramente muy valorado en el grupo por su habilidad profesional, se marcha sin protestar.

Este islote utópico al que los jóvenes van para una temporada para seguir su camino al cabo de poco tiempo sin tener que dar cuentas a nadie, quizá para probar suerte en alguna otra de las colonias que se han establecido alrededor de las demás grandes ciudades alemanas, se encuentra rodeado por un mundo más bien hostil; el cercano reformatorio “supone la mayor resistencia” que encuentran los jóvenes anarquistas. “Las cuatro pequeñas casas de madera pertenecen al organismo de empleo productivo para parados y se dedican a preparar parcelas para su explotación agrícola posterior. Al principio esta gente también nos estuvo fastidiando, pero los peores de todos son los del reformatorio, los educadores estatales. Continuamente nos llueven sus quejas y denuncias ante las autoridades del distrito, municipales y provinciales. Uno de los educadores se dedicaba a traer a sus pupilos de visita a nuestra parcela para enseñarnos a su grupo como si fuéramos monos del zoológico. Cuando en una ocasión nos escondimos para sorprenderlos preséntandonos de golpe ante ellos desnudos, nos llegó a los pocos días la citación por escándalo público. El asunto quedó en nada, ya que nuestra parcela no es un local público de baile: si alguien viene a visitarnos deberá adaptarse a nuestros hábitos. Vino a vernos un representante de la autoridad y la citación ha quedado en suspenso. Pero ahora nos han puesto una multa de veinte marcos por construir sin licencia”.

Sigue la narración del joven anarquista destacando el carácter de refugio del Rotes Luch. Uno de los visitantes es un obrero metalúrgico que trabaja unas pocas semanas al año para conseguir dinero para vivir el resto del año viajando de un lado a otro. Y menciona los términos de la discusión sobre el carácter de su experimento en los ambientes de la juventud anticapitalista y revolucionaria:

“¿Qué es todo esto? ¿Para qué? ¿Es una aislamiento individualista, que favorece al capitalismo, que se enfrenta a la necesidad de organizarse y que perjudica el necesario trabajo organizativo, de propaganda y captación o es, más bien, el paraíso perdido?….. Quizá se trate sólo del intento de compensar con los medios más exiguos y de una forma constante la presión que ejercen sobre nosotros el orden social y económico de la gran urbe, las heridas que nos produce la actividad laboral y de ocio de nuestras grandes ciudades fabriles…. Al menos para la juventud”

Hemos citado este artículo porque habla sobre el Rotes Luch en la misma época en que Filareto arrendó allí su parcela, y es fácil suponer que fueran vecinos de penalidades, ilusiones y peleas con el hostil vecindario. Es también probable que a la parcela de Filareto llegaran también jóvenes como Bruno Zimmermann a pasar unos días y cooperar con sus esfuerzos comunitarios, como también es probable que se cansaran al cabo de poco tiempo de la desorganización y el caos que reinaba en su vida y sus actividades, interrumpidas una y otra vez por las discusiones teóricas. Así se explica que por la comuna pasaba mucha gente, pero pocos se quedaban de manera permanente, como parece ser la impresión que nos han transmitido los niños que vivieron allí aquellos años. El artículo es también muy interesante porque refleja la misma búsqueda del paraíso, las mismas actividades en comunidad y el ambiente de discusión que reina en las organizaciones anarquistas alemanas de la época sobre la alternativa de organizarse (lucha de clases) o la de fundar comunidades utópicas en la naturaleza (lucha cultural) ((“Lucha cultural en vez de lucha de clases” es el título del tercer folleto escrito por Filareto y publicado por la Kaverno di Zaratustra en la serie de las Mitteilungsblätter)) Filareto Kavernido, como sabemos, ha optado por la segunda alternativa.

Rumpelstilzchen, el seudónimo que utilizaba el periodista monárquico-conservador Adolf Stein para publicar en la “Tägliche Rundschau” un artículo semanal sobre la sociedad y las costumbres, dedicó en el año 1921 unos comentarios bastante malévolos a la Kaverno di Zaratustra. Si en los pasajes anteriormente citados del joven anarquista vemos una visión equilibrada de una persona que sopesa los aspectos positivos – que llama “compensadores” – que tiene la experiencia utópica en el campo, con los negativos en relación con la necesidad de desarrollar una lucha organizada en la sociedad, ahora veremos, al repasar el artículo de Rumpelstilzchen, la postura de la burguesía, una opinión más descarnadamente sardónica e hiriente sobre la aventura de Filareto y su grupo:

“En todas partes los extremos se tocan, y así ocurre también en Berlín: mientras que por un lado revolotean elegantes faldas de seda formando la pasarela más exclusiva imaginable, al otro extremo unas personas con la educación más exquisita que se pueda desear se dedican a excavar primitivas casas-cueva en los terrenos arenosos de la Marca, en las afueras de Berlín. Durante 14 días la “Kaverno di Zaratustra” ha permanecido cerca de Spreenhagen sin ser molestada por nadie. Según me dicen, el nombre está en esperanto y significa la caverna de Zaratustra. Pero este Zaratustra no vive solitario en las heladas alturas, sino que tiene unos 30 seguidores – más hembras que varones – rodeándole para iniciar un modo de vida comunista en la naturaleza. Se llama Dr. Goldberg, nada menos que Dr. Goldberg. Los agujeros excavados están cubiertos por ramaje y carpas o lonas. Allí juegan a ser robinsones los días laborables por la tarde y los domingos todo el día; se hace comida y se vive en medio del humo y los vapores de teóricas discusiones; de vez en cuando todo el grupo, naturalmente desnudo, se lanza – ¡al agua, patos! – al canal. Esto último ha escandalizado a ciertas honradas gentes que viven en los alrededores, de modo que la policía acabó prohibiendo “La Kaverno di Zaratustra”. Hubiera sido quizá mejor que los aislara. Así, su insensatez se habría derrumbado por sí sola, como ha ocurrido con todas las fundaciones de ese tipo a lo largo de los siglos, como por ejemplo últimamente con la comunidad de los discípulos de Tolstoi en el distrito ruso de Poltava y simultaneamente en Canadá, al otro lado del océano. Ahora los seguidores de Goldberg, algunos de ellos muy jóvenes, se consideran mártires. Toda su organización social al aire libre, por cierto bastante mugrienta, sólo es posible en el verano y sólo puede mantenerse mientras todos ellos, además, sigan trabajando durante el día en sus empleos normales y corrientes en Berlín para ganarse la vida. Dicen que pretenden desarrollar al aire libre una “cultura superior”, pero en realidad no hacen más que haraganear un poco al sol….”

Aquí acaba el texto. De él sacamos una cierta notoriedad del grupo del Dr. Goldberg, el escándalo público que causa, y el escepticismo irónico con que es visto por la sociedad berlinesa bienpensante. Su información, sin embargo, no es mala: sabe quiénes y cuántos son, sabe que la mayoría sigue trabajando en su empleo en Berlín y se da cuenta, si bien desde una postura de arrogancia elitista y escepticismo menospreciativo, de que ese camino, el de cavar hoyos en la arena berlinesa, no conduce en línea recta a la “gran cultura” del superhombre. También es destacable que fije la existencia de la comuna allí en sólo 14 días; si ese dato es cierto, el intento de establecer la Kaverno en Rotes Luch no había empezado antes de principios de 1921.

Harry Wilde, en el libro citado sobre Theodor Plievier que escribió bastantes años más tarde, expresa una visión también escéptica e incluso muy crítica, pero lo hace con una cercanía mucho mayor y seguramente con una mayor comprensión por los móviles de la actividad utópica del grupo; al fin y al cabo su venida a Berlín en 1925 había sido producto de su deseo de pertenecer a estos grupos que buscaban el paraíso en la tierra. Sobre el Rotes Luch cuenta que sólo estuvo una vez y lo describe como un “terreno al aire libre en las cercanías de las colinas de piedra caliza de Ruedersdorf” ((Parece que se equivoca de nombre, probablemente quiere decir Ruhlsdorf, mucho más cercano, en lugar de Ruedersdorf)) donde había una especie de cabaña circular como de poblado africano, y en el que el grupo de la comuna de Goldberg podía “prácticar la cultura nudista” ((Harry Wilde menciona que, tras la desaparición de la Commune Goldberg, él escribió un artículo sobre la vida en Rotes Luch que se publicó en un periódico del grupo Ullstein. La redacción del periódico lo tituló: “Amor libre junto a las vías del tren”. No lo hemos encontrado todavía.)). Uno de los recuerdos que tiene de la “caverna” del Rotes Luch es que estaba llena de pulgas y mosquitos; si bien Filareto parecía ser inmune a sus picaduras, todos los demás miembros de la comuna volvían el domingo por la noche llenos de dolorosas ronchas y con la ropa llena de los agresivos insectos, que aprovechaban la oportunidad para establecer su propia colonia en la Mulackstrasse. Harry Wilde cuenta que cuando Filareto apareció en la Mulackstrasse procedente del Rotes Luch llevaba bastantes días de ausencia. Seguramente, dice, “en mayo se estaba mejor al aire libre que en las calles apestosas a gasolina de Berlín. Además seguro que allí lo pasaba muy bien…. Recibía abundantes visitantes femeninas, entre ellas miembros de la buena sociedad, que no tenían reparos en hacer una excursión a las colinas de Ruedersdorf (o Ruhlsdorf) para hablar sobre el tiempo o sobre lo que hiciera falta”. Su antipatía por Filareto se expresa perfectamente en el retrato tan negativo que hace de su aparición en la Mulackstrasse: “..Y en eso se presentó Goldberg, barbudo como Carlos Marx, forzudo como Max Schmeling (el boxeador) e hirsuto como un gorila…”. Poco más sabe o explica Harry Wilde sobre el tema de Rotes Luch que nos ocupa aquí, por lo que terminamos el repaso de este texto destacando que, pese a su conocimiento e interés por aquellos ambientes, no está bien informado de la disolución de la comuna en Berlín, ya que, según dice, poco después de esta visita (mayo de 1925), Goldberg tuvo que huir a Austria en relación con los abortos ilegales para marchar desde allí a Cuba. Aún no hemos conseguido aclarar y documentar la cuestión de si estaba perseguido por haber practicado abortos ilegales Es posible que fuera a Austria en 1925, pero también sabemos hoy que pudo reunir a los restos de la comuna en 1926 para ir desde Alemania a Tourrettes-sur-Loup, en la Costa Azul francesa y luego en la isla de Córcega, donde estuvieron casi 3 años, hasta 1929. Tanto Max Fürst como Harry Wilde hablan de que tenía intenciones de marchar a Haití en algún momento, y quizá ellos lo han oído con posterioridad a los propios acontecimientos de boca de los antiguos miembros de la comuna que se volvieron a Alemania. Ahora, tras encontrar los artículos que Filareto escribió para el periódico anarquista francés “L’en Dehors” ((Harry Wilde menciona que, tras la desaparición de la Commune Goldberg, él escribió un artículo sobre la vida en Rotes Luch que se publicó en un periódico del grupo Ullstein. La redacción del periódico lo tituló: “Amor libre junto a las vías del tren”. No lo hemos encontrado todavía)) sabemos que a principios de 1929 se habían trasladado a Córcega, cerca de Ajaccio. Allí las cosas fueron muy mal: la comuna había engrosado su número con nuevos adeptos venidos de Berlín, pero las circunstancias económicas se revelaron muy negativas, sobre todo cuando buena parte de los comuneros enfermaron de la malaria. Fue entonces, según sabemos por los informes recién encontrados, que decidieron salir para Haití, para donde se embarcaron a principios de julio de 1929 en Burdeos. Expulsados de Haití inmediatamente, recalaron a los pocos días, es decir, a finales del verano de 1929, en la República Dominicana, como ya conocemos.

En los recuerdos de Lotte Fenske, hija de Hannchen y del marido que había muerto al final de la primera guerra mundial, y de Vertuemo Gloger, hijo de Hannchen y Filareto, que tenían entonces entre 12 y 4 años, dicen haber pasado en el Rotes Luch días o hasta esporádicamente temporadas. Lotte recuerda haber asistido incluso a la cercana escuela de Hoppegarten, lo que significaría haber vivido allí durante meses. Tienen memorias fragmentarias de la vida al aire libre, paseos y excursiones; en una ocasión uno de los niños, Sajero Gloger, que tendría dos o tres años, masticó unas hierbas venenosas que le produjeron de inmediato grandes dolores y retortijones. Filareto lo tomó en sus brazos y seguido por toda la comitiva comunera, corre siguiendo las vías del tren hasta la estación de Rehfelde, la más cercana y que está situada a varios kilómetros, para llevar al niño al hospital. También en el Rotes Luch los niños tienen que pasar las pruebas educativas de endurecimiento y superación del miedo impuestas por Filareto, como p. ej. bajar al canal por la noche y volver con un vasito lleno de agua del mismo. En cuanto a la cantidad de personas que se reúnen allí, los recuerdos difieren, pero nunca su número superaría las dos docenas contando a los (numerosos) niños. Esto coincide con las 30 personas que menciona el malévolo Rumpelstilzchen. Es imaginable que produjeran escándalo público bañandose desnudos, igual que cuenta Bruno Zimmermann en el artículo comentado. También recuerdan los niños de la comuna vagamente la iniciación de trabajos que los adultos quieren realizar en la parcela, construir vallas, corrales, sembrar hortalizas, etc. pero que no llegan a terminar, enfrascándose en discusiones filosóficas más generales. La visión de los niños es la de vivir en una especie de ámbito libre, agradable por hallarse fuera de la gran ciudad, pero también bastante caótico y desorganizado. Probablemente se resienten de la falta de atención de los adultos, demasiado embebidos en sus esfuerzos por desarrollar una forma de vida y cultura superior.

Finalmente hay que mencionar que las nietas de Mally tienen unas fotografías del Rotes Luch y de una cercana finca llamada Waldsieversdorf. Habría que comprobar si están hechas allí o se trata de una excursión en los alrededores.

Volvamos al presente. ¿Qué queda hoy de las colonias del Rotes Luch? Por las narraciones y recuerdos hemos supuesto que la parcela se encontraba muy cerca del canal principal y vecina a las vías del tren, al norte de las mismas. Aquella zona, que entonces era relativamente natural y silvestre, se ha convertido en zona agrícola. Toda la hondonada propiamente dicha está ocupada por cultivos de cereales. El canal del Stobber casi no lleva ya agua. Seguramente ha bajado mucho el nivel subterráneo. El bosque que lo rodea podría ser parecido al que se encontraron en aquel entonces. El acceso es difícil, se llega a través de unos caminos de campo sin asfaltar y la vía del tren no permite ya el paso en vehículo entre las dos mitades del terreno, habiendo sido suprimidos los pasos a nivel que existían antiguamente. Hoy no vive casi nadie en la zona. Pudimos hablar con unos vecinos que llevan unos 30 años habitando una casa aislada al borde del bosque, no lejos del lugar supuesto. Saben indirectamente de la existencia antes de la guerra de grupos de vida alternativo, los llamados “Latscher” o gente en sandalias. Por lo que hemos visto, el lugar no es adecuado para vivir en una caverna: es terreno llano, arenoso y con el agua casi a nivel del suelo. De ahí que Rumpelstilzchen ridiculizara en el periódico el intento de cavar hoyos en el suelo para hacer viviendas subterráneas. Pero así es, y el hecho es que Filareto lo intentó. El que se estableciera allí, en lugar tan poco apropiado y además tan alejado de la estación del ferrocarril (la actual estación Rotes Luch, mucho más cercana, no existía todavía entonces), indica que las finanzas de la comuna no eran nada boyantes. Ya hemos supuesto que el abandono de la vida profesional de ginecólogo por Filareto y la crisis de fin de la guerra, tras la muerte del padre de Filareto, Ludwig Goldberg, en 1917, habían significado la liquidación de la fortuna que en algún momento había tenido la familia. Es de suponer que vendieran las casas, que la inflación se comiera el producto de la venta y que Filareto empleara el resto del dinero en las labores de lanzamiento de la comuna: publicaciones, viajes….. y luego, la mera supervivencia.

En nuestra primera y breve visita al Rotes Luch acompañados de Lotte Fenske y Vertuemo Gloger, antiguos niños de la comuna 80 años antes, no pudimos determinar el lugar exacto donde se encontraba la “Kaverno”. Había quedado por explorar la parte que queda al norte del ferrocarril, a la que no pudimos tener acceso en esta ocasión, para intentar encontrar huellas de los establecimientos comuneros. Diez años más tarde, gracias a las investigaciones del Dr.Otfried Schröck, de Waldsieversdorf y excelente conocedor del terreno, se pudo completar la búsqueda con el hallazgo del lugar exacto. A poca distancia se encuentran los restos de la posterior fundación comunera, Grünhorst.

Notas