El judaísmo y la asimilación en Heinrich Goldberg

El origen judío de Heinrich Goldberg, la relación con su familia y con la sociedad en que vive tiene consecuencias importantes en cuanto a su forma de pensamiento y el tipo de vida que elige, cuya primera rebeldía es el abandono de la religión. La discriminación de los judíos, por atemperada que ya fuera en los años anteriores a la primera guerra mundial, no puede dejar de imprimir sus huellas en una persona como Heinrich, que ha tenido acceso a la cultura alemana de una forma natural. La lectura de este artículo se basa en el conocimiento que tenemos, por fragmentario que sea, de su vida.

Heinrich Goldberg procedía de una familia judía con una situación económica desahogada. Su padre, Ludwig Goldberg, nacido en 1853 en Altlandsberg, una pequeña ciudad al este de Berlín, era médico en Berlín, tenía una casa donde pasaba consulta y en la que vivía un total de once personas; además dirigía una clínica particular para pobres, tenía propiedades inmuebles y a principios de siglo era el tercer contribuyente de su municipio. Eran miembros de la comunidad judía local en Berlin Weißensee y durante un tiempo, entre 1898 y 1904, Ludwig fue incluso concejal, un puesto honorífico que muestra una clara importancia social y también de aceptación religiosa. Estaba „asimilado“ socialmente sin tener que renunciar a su religión.

Casa de los padres de Heinrich Goldberg, Berliner Allee 164 (antiguamente el numero 5), Berlin Weißensee

En los años de juventud de Heinrich, nacido en 1880, en Alemania se había avanzado bastante en la integración de los judíos y en la supresión de las discriminaciones más llamativas. Pero sobre todo por motivos religiosos y de tradiciones los judíos seguían siendo una minoría claramente reconocible. En Alemania los ciudadanos de origen judío tenían pues las siguientes opciones: 

Permanecer siendo judíos, quedándose al margen de las corrientes principales de la sociedad, seguir practicando su religión y renunciar por tanto a una serie de posibilidades profesionales como oficial en el ejército, funcionario de estado, profesor de universidad, etc. Los judíos practicantes estaban divididos en varios grupos más o menos observantes y en judíos reformados. En este último grupo, cuyo primer representante histórico relevante fue Moses Mendelsohn en el siglo 18, encontramos a numerosas personalidades del mundo judío. En este grupo se encontraría el Padre de Heinrich Goldberg.

Una segunda posibilidad era la „conversión“ a la religión cristiana, incluyendo el bautismo y la adopción de los signos externos de los miembros de la doctrina religiosa oficial (en Prusia la iglesia evangélica); esta es la opción que escogieron cada vez más personas de origen judío a finales de siglo, y el número de matrimonios con no judíos  en los años inmediatamente anteriores a la primera guerra mundial muestra su creciente importancia en un mundo también cada vez más secularizado; esta opción era probablemente la de más importancia en la época de Heinrich Goldberg, al menos entre las capas medias de las grandes ciudades; sin embargo no hay que olvidar que esta opción no abría a los judíos conversos todas las posibilidades que ofrecía la sociedad a los „verdaderos cristianos“, pues en especial el ejército, pero también los rangos más altos del funcionariado y otra serie de puestos más o menos públicos les seguían estando vetados.

La tercera opción principal que se haría más relevante en los años de la república de Weimar era la „asimilación“ casi plena dentro de esa sociedad cada vez menos marcada por la religión. Entre ellos estaban los que no tenían interés por la religión, y también ateístas activos, agnósticos o escépticos, y entre ellos muchos representantes de la vida científica y cultural. El primer representante histórico de esta variante había sido Heinrich Heine (1797-1856), que parece ser que nunca estuvo del todo feliz con la decisión tomada. Para la época que nos ocupa aquí tenemos como ejemplo al catedrático de Dresden Viktor Klemperer (1881-1960).

Dentro de estas tres poco precisas categorías se pueden encontrar innumerables matices o variantes individuales. Pero lo que es común a todas ellas es que la sociedad en Alemania, pese a indudables progresos en el siglo 19 y pese a tener unas condiciones relativamente buenas en comparación con otros países europeos, seguía discriminando en muchos campos, algunos casi imperceptibles materialmente, a los ciudadanos de origen judío. Es decir, los judíos no habían obtenido la integración plena. Siempre acababa llegando el momento en que un judío asimilado se tenía que confrontar con esta discriminación, ya fuera en sociedad, en la vida profesional o en cualquier otra área de convivencia. En general a los judíos sólo les siguieron siendo accesibles las profesiones tradicionales: artesanía y trabajo manual, comercio, finanzas, medicina y cada vez más, el periodismo, las profesiones liberales o artísticas, etc.[1]Véase Amos Elon: “Zu einer anderen Zeit – Porträt der jüdisch-deutschen Epoche 1743-1933”, Hanser Verlag 2002. Vgl. También Nachum T. Gidal “Die Juden in Deutschland – von der … Fußnote vollständig anzeigen. Y como es bien sabido, en bastantes casos con resultados sobresalientes. Pero siempre existía un tope.

Esta posición tan compleja de los judíos en la sociedad alemana en los años de juventud de Heinrich Goldberg se expresa en el primer grupo contemplado de una forma contradictoria: los miembros de las distintas comunidades judías mantienen disputas interminables e irreconciliables sobre doctrina, reforma de la fe mosaica, cuestiones de integración, segregación ante la sociedad alemana o la postura que se debía tomar ante la propuesta de formar un estado judío por parte del pequeño grupo sionista. Todos ellos tenían en común una actitud de cierta frialdad ante los judíos de Europa del este, cuando no un rechazo abierto; predominaba el sentimiento de pertenecer a una sociedad rica más que la solidaridad con los hermanos de religión, perseguidos, pobres y menos cultos. Sólo podemos hacernos una idea imaginada de cómo actuaba Ludwig Goldberg, el padre de Heinrich, en tales discusiones. Él, un doctor de buena posición social, sería seguramente partidario de reformas en la comunidad a la que pertenecía, de apertura y modernización, y de una cierta integración de los judíos orientales, incluyendo la actividad caritativa para con ellos, perseguidos y muy necesitados, que masivamente buscaban en Alemania en aquellos años una nueva vida. Esto era una de las actividades de la Adass Jisroel Gemeinde a la que pertenecía Ludwig, una especie de puente de integración, y que era claramente minoritaria frente a la Jüdische Gemeinde, más integrada en la sociedad.

Sin embargo no se puede dejar de tener la impresión de que el padre de Heinrich nunca estuvo satisfecho con su posición. Las limitaciones que se les imponían a los judíos entonces eran demasiado estrechas: en las ciencias, en el mundo académico, en la vida pública e incluso en el arte, que era tradicionalmente un dominio importante de la cultura judía. Ludwig Goldberg parece haber sido un espíritu inquieto y emprendedor; sabemos documentadamente que renunció a su puesto de concejal de distrito en protesta por el plan de fusionar el municipio de Weißensee con otro colindante; regentaba un pequeño hospital para pobres aunque tenía consulta privada propia. Es cierto, todo hay que decirlo, que recibía subvenciones del propio municipio en que era concejal, subvenciones que perdió al hacerse efectiva la fusión. Pero ello muestra su talante preocupado por la situación social de los más desfavorecidos. Suponemos – aunque todavía no hemos podido demostrarlo – que su hijo Heinrich se impregnó en la casa paterna del interés por la literatura y la ciencia, así como que heredó el carácter rebelde de un padre que imaginamos lleno de inquietudes (el nombre del padre bien puede deberse, como fue relativamente corriente entre los alemanes de origen judío, un homenaje a Ludwig van Beethoven, es decir, la música también estaba presente en la familia.). No parece por tanto que Heinrich haya desarrollado su espíritu combativo ejerciendo resistencia antes la familia, aunque ¿quién sabe? ¡Sabemos tan poco de su madre! En „Menschliches, Allzumenschliches“ de Nietzsche encontramos un pasaje sobre la „tragedia de la niñez“ en que dice: 

“No es raro, sino muy frecuente, que los hombres de tendencias nobles y elevadas tengan que librar las batallas más rudas durante su niñez, ya porque hayan de sostener su modo de pensar contra sus padres, de estrechas miras y aficionados a la apariencia y a la mentira, o bien, como lord Byron, porque debían vivir en lucha eterna y continua con una madre colérica y pueril. Cuando se ha pasado por semejante prueba, nadie se atormentará en indagar, durante su vida, quién ha sido el enemigo más real y más peligroso que haya podido tener. “

Sabemos que Heinrich Goldberg terminó sus estudios con éxito, y como doctor recién licenciado en medicina volvió a Berlín en 1905, a la edad de 25 años, para ejercer en el hospital de distrito de Friedrichshain, no lejos de la casa familiar. Según sabemos por la historia, los estudiantes judíos eran discriminados de múltiples maneras en la universidad. Por ejemplo, en la pertenencia a las asociaciones, el acceso a determinados servicios y, algo que debe considerarse especialmente ofensivo, por tener que situarse en la última fila en las clases prácticas de anatomía, como ocurría en Berlín[2]Según nos cuenta la historia del Dr. H. Michaelis, judío y compañero de estudios de Heinrich. Por cierto que HG siguió coincidiendo en los estudios de medicina también con Alfred Döblin, con el … Fußnote vollständig anzeigen. Es posible que también trabajara con su padre en la consulta y en la clínica. En 1907 se casó, seguramente con el acuerdo de sus padres, con Henny Lucie Calmon, de una familia judía propietaria de un comercio céntrico en la pequeña ciudad de Kyritz. El matrimonio tuvo en 1908 una hija a la que llamaron Edith[3]De la existencia de una hija que era “sumamente linda” tuvimos primeras noticias directas a través de Lotte Fenske, de soltera Gerbeit, una de las hijas de Hannchen. Posteriormente pudimos … Fußnote vollständig anzeigen. Una existencia por tanto normal, de acuerdo con las convenciones de clase media. Pero en algún momento, pocos años después de su retorno a Berlín y su matrimonio, su vida da un giro. No sabemos cómo ni cuáles son las causas que lo desencadenan. A continuación se exponen algunos hechos y algunas ideas:

Sabemos que se interesa cada vez más por las teorías sociales y filosóficas, por la lengua internacional, el esperanto y su variante reformada, el ido, y por los movimientos sociales organizados. Se va alejando radicalmente de la clase social a la que estaba destinado. Huye del mundo estrecho de la religión, seguramente ya influenciado por las lecturas de Nietzsche[4]

Abandona la Comunidad Adas Jisroel en1910, según consta en los archivos de ésta.

y como rechazo de las prácticas algo marginales de la comunidad a la que pertenece junto con sus padres. Es evidente que el bienestar material, desahogado aunque no de riqueza manifiesta, y la seguridad que le puede brindar su profesión y su condición social han dejado de atraerlo. Él, que en su tesis doctoral sobre la neurosis había citado trabajos de Sigmund Freud, parece estar cada vez más de acuerdo con la opinión del padre del psicoanálisis de que la religión es una forma de neurosis. El mundo religioso en su modalidad judía le resulta imposible de conciliar con sus pretensiones científicas. Procede de una familia practicante, pero cada vez le resulta más difícil identificarse con la forma de vida, los dogmas o la paciencia sumisa, en suma, con ser en un ciudadano de segunda categoría. La forma de asimilación por la que seguramente están pasando tantos conocidos de sus círculos sociales, es decir, hacerse cristianos, bautizarse y confiar en que eso les facilite una integración de alguna manera positiva, no tiene ningún sentido para Heinrich Goldberg. Ha vislumbrado el mundo intelectivo y las máximas cumbres culturales de esta sociedad y quiere adentrarse por ese camino sin rodeos y sin pérdida de tiempo. Con su salida de la comunidad judía pasa a pertenecer a una nueva comunidad, la de los hombres de la cultura superior, los que tienen una meta en este mundo, los que quieren cambiar la sociedad y cambiarse a sí mismos. Con Alemania, con la discriminación social que practica, con la escueta oferta de la que disponen quienes no pertenecen al círculo de los elegidos, ya no se siente identificado. Sólo los grandes logros culturales que ha creado Alemania le resultan importantes: Goethe, Beethoven, Nietzsche, esos son sus dioses. En esa sociedad secularizada la principal seña de identidad judía, que es la religiosa, no representa ya nada para él. La influencia de Nietzsche es notoria.

La familia que acaba de formar la siente probablemente como una atadura, como una limitación de su libertad. Es probable que conozca y se sienta respaldado por las opiniones que expresa Nietzsche sobre la imposibilidad del matrimonio, en “Humano, demasiado humano”. Pero si Nietzsche, observador de lo que le rodea, concluye que los hombres buscan la relación con la concubina fuera del matrimonio para completar la imperfección de la relación, Heinrich Goldberg va más allá en su radicalidad y concluye, seguramente tras conocer las diversas teorías utópicas, especialmente Fourier, que hay que romper el estrecho vínculo matrimonial entre dos personas y pasar a la comunidad de relaciones.[5]“.. el matrimonio, concebido en su más alta acepción, como la unión de las almas de dos seres humanos de diferente sexo, y consumado, como se espera en lo porvenir, por la reproducción y … Fußnote vollständig anzeigen

Siente que la sociedad es injusta y que tiene que cambiar su posición dentro de ella para poder tener capacidad efectiva de influir en ella, para que la sociedad misma lo tome en serio. Parece claro que la pobreza y la marginalidad lo preocupan e indignan cada vez más. Ya hemos visto cómo su rechazo de la sociedad tiene fuertes motivaciones éticas. En sus escritos programáticos resume los males de la sociedad con las palabras “prostitución y crimen”. Incluso profesionalmente se sitúa al margen de la legalidad al practicar clandestinamente abortos, lo que le lleva a sufrir persecución por la justicia y le obliga a huir de Alemania ya antes de la Gran Guerra.

Por eso planteamos denominar su decisión de “darse de baja” de la sociedad como una vía de “sobre-asimilación”. Otros judíos, los que anteriormente hemos clasificado en el tercer grupo, han escogido la vía de la conversión a la religión dominante; bautizándose han asumido una posición conformista rechazando al mismo tiempo su antigua religión, que ya no iba “con los tiempos”. Pero no así Heinrich Goldberg. Por un lado despliega un entusiasmo exaltado por la cultura alemana, hablando incluso de un producto de la raza alemana cuando se refiere a Goethe o Beethoven, mientras que por otro lado se lanza impetuosamente sin reservas y quemando etapas a las señas y símbolos de una actitud cosmopolita; se entrega al cultivo y propagación de una lengua artificial internacional rechazando la lengua alemana; se sitúa en una posición pacifista y antichauvinista – algo que especialmente a partir de 1913 es muy delicado – y se hace agnóstico; progresivamente se introduce en la discusión filosófica (en el listín de residentes de Berlín figuraba como “médico y filósofo”), primero seguramente con Nietzsche, pero parece haber conocido los textos de Platón, Kant, Schopenhauer, etc.. En sus escritos se hayan las huellas de la recepción contemporánea de las tendencias más críticas o, mejor dicho, pesimistas con la cultura (Spengler y similares)[6]

Como ha observado el profesor de filosofía en Dresden, Johannes Rohbeck. Ver su artículo en https://filareto.info/texte/er-kulturphilosophie/ (texto en alemán)

De manera que se puede decir que ha roto con las raíces de su pasado. No sólo es un revolucionario por sus ideas y sus propuestas, es que además se sale de la sociedad y de la vida convencional en la práctica: según testimonio de algunos contemporáneos y también miembros de la comuna de Berlín, su radicalización social y política se acelera durante el internamiento de 3 años que sufrió en Inglaterra entre 1914 y 1917 (El dirigente anarco-sindicalista Rudolf Rocker así lo expresa en una conversación con Artur Streiter en 1926. También lo refiere en sus memorias el esperantista Adolf Mosch, que formó parte de la Kaverno entre 1921 y 1924). Así, al final de la guerra mundial, con su vuelta a Alemania, se encuentra en el extremo más radical de un programa de transformación del mundo y de sí mismo: negativa al reconocimiento de cualquier autoridad, abolición de la propiedad, vida comunista compartiendo trabajo e ingresos en pequeñas comunas agrícolas, lengua internacional, abolición del matrimonio, rechazo del sistema escolar estatal. Por todo ello se puede decir que ha sobrepasado la línea de la mera asimilación, y la renuncia a sus raíces y la negación de la sociedad significa la puesta en práctica de lo que hemos dado en llamar “sobre-asimilación”. 

En sus panfletos llama la atención que no suele citar a otros teóricos. Es curioso y significativo en cualquier caso como muestra de su ruptura con las ideas dominantes, su desprecio por las teorías al uso y su animadversión por el mundo religioso y social que está abandonando; Asimismo es significativo que, con el vivísimo interés por polemizar con las teorías de la interpretación y el cambio de la sociedad para elaborar su propia praxis, nunca cite a ninguno de los numerosos pensadores de origen judío: No está Karl Marx, pero tampoco Ferdinand Lassalle o tantos otros. También en la música ignora no sólo su evolución contemporánea, en la que participan también muchos músicos de raíces judías, sino que para él la historia de la música termina con su idolatrado Beethoven, que alcanza la cumbre definitiva. Después del genial músico parece que para él la historia de la música de existir. También en la literatura existe para H.G. una escala de medición y una jerarquía: la cumbre inalcanzable es Goethe. Tras él no hay nada que merezca la pena. Son los versos del Fausto los que obliga a aprender a recitar de memoria a los niños de la comuna, so pena de severos castigos. Muestra todo ello de una forma de pensar en términos absolutos también en el campo artístico que reflejan una mentalidad teñida de las mismas ideas religiosas que pretende abominar. Parece algo irónico su desinterés por otros escritores si se piensa que el nombre de pila que le dieron sus padres se lo deba probablemente a Heinrich Heine, algo relativamente habitual entre los judíos en Alemania en el siglo 19.

Su conflictiva asimilación encuentra reflejo en su vida personal: comunero, abandona las convenciones sociales tras cierto tiempo viviendo dentro de su clase social, pero no interrumpe las relaciones con sus padres; toda parece indicar que, tras la muerte del padre en 1917, se ocupó de la madre; la comuna estaba en la calle Mulack, en la parte posterior del mismo edificio de la calle Rosenthal en que residía su madre (el edificio pertenecía a los Karfunkel, la familia de la madre). Pero su vida como Filareto y la de los miembros de la comuna transcurría con una neta separación de la vida y la vivienda de la madre[7]

 Los niños de la comuna entrevistados recuerdan haber visto una sola vez a la madre, y entraron en la casa porque ella estaba enferma en cama. Debe de haber sido en 1925-26, poco antes de su muerte.

. Por cierto que hay razones para suponer que lo que quedaba del patrimonio de la familia – ya hemos dicho que el padre, Ludwig, tenía propiedades, pero que estaban en parte hipotecadas, y que la madre provenía de una familia de buena posición – fue empleado por Heinrich para sus diversos proyectos. El padre lo había desheredado en 1913 a causa de la mala gestión y las deudas que acumulaba su hijo. Tras la muerte del padre la familia la viuda se trasladó de Berlin-Weissensee a un distrito del centro de Berlin (Mitte). El piso que habitaba estaba en un inmueble de la familie de Elise, los Karfunkel, en el costado más burgués de un barrio pobre, el Scheunenviertel[8]El Scheunenviertel ha sido objeto de múltiples descripciones. Es uno de los escenarios principales de la novela de Alfred Döblin “Berlín Alexanderplatz”. Habitaban entonces en él las clases … Fußnote vollständig anzeigen. Su madre murió probablemente en 1925, quizá 1926. (Es el ultimo año en que su nombre aparece en el registro residencial). La Kaverno, en la Mulackstrasse 21, ocupaba la vivienda del portero en la parte más modesta que no daba al bulevar. Ahí encontró pues refugio Heinrich después de volver a Berlín y usó la pequeña vivienda prestada para establecer la sede de la Kaverno. Hacia 1924 tuvo que abandonar precipitadamente Alemania, acosado por la persecución judicial que pendía sobre él desde antes de la guerra mundial por diversos casos de abortos ilegales. No conocemos bien su relación con su madre enferma en esos últimos años. Una lástima, porque podría arrojar algo más de luz sobre el tema que nos interesa aquí.

Con los datos de que disponemos, se podría formular con todas las cautelas la hipótesis de que los rasgos de su asimilación, esta forma extremada y llena de ambigüedades y contradicciones que es su relación con la sociedad, está relacionada con su ambiente familiar y su carácter, al tiempo que determina su actuación futura acentuando los rasgos radicales de la personalidad de Heinrich Goldberg.

ST 2006 – actualizado 6.24

Fußnoten

Fußnoten
1

Véase Amos Elon: “Zu einer anderen Zeit – Porträt der jüdisch-deutschen Epoche 1743-1933”, Hanser Verlag 2002. Vgl. También Nachum T. Gidal “Die Juden in Deutschland – von der Römerzeit bis zur Weimarer Republik”

2

Según nos cuenta la historia del Dr. H. Michaelis, judío y compañero de estudios de Heinrich. Por cierto que HG siguió coincidiendo en los estudios de medicina también con Alfred Döblin, con el que había ido al instituto de enseñanza secundaria y con el que iría a Freiburg a terminar medicina y doctorarse con el mismo catedrático, el Prof. Hoche.

3

De la existencia de una hija que era “sumamente linda” tuvimos primeras noticias directas a través de Lotte Fenske, de soltera Gerbeit, una de las hijas de Hannchen. Posteriormente pudimos comprobarlo en las listas de pasajeros del vapor que en 1913 llevó a toda la familia a Nueva York. Recientemente hemos encontrado datos que nos confirman su fecha de nacimiento y seguimos buscando. Sobre la familia Calmon ver https://filareto.info/texte/goldberg-calmon-kyritz/

4

Abandona la Comunidad Adas Jisroel en1910, según consta en los archivos de ésta.

5

“.. el matrimonio, concebido en su más alta acepción, como la unión de las almas de dos seres humanos de diferente sexo, y consumado, como se espera en lo porvenir, por la reproducción y educación de una generación nueva… tiene necesidad imperiosa –preciso es que lo comprendamos– de un auxiliar: el concubinato, pues si para salud del hombre, la mujer casada debe servir también de satisfacción del deseo sexual, será un punto de vista falso contrario a los fines propuestos el que dirija la elección de esposa, con lo que el cuidado de la prole será accidental y la educación de ella inverosímil. Una buena esposa debe ser amiga, coadjutora, reproductora, madre, jefe de la familia, ama de gobierno, y al mismo tiempo, independientemente del hombre, ocuparse de sí misma; por eso no puede ser a la vez concubina: esto sería pedirle demasiado.”, Friedrich Nietzsche, “Menschliches, Allzumenschliches”

6

Como ha observado el profesor de filosofía en Dresden, Johannes Rohbeck. Ver su artículo en https://filareto.info/texte/er-kulturphilosophie/ (texto en alemán)

7

 Los niños de la comuna entrevistados recuerdan haber visto una sola vez a la madre, y entraron en la casa porque ella estaba enferma en cama. Debe de haber sido en 1925-26, poco antes de su muerte.

8

El Scheunenviertel ha sido objeto de múltiples descripciones. Es uno de los escenarios principales de la novela de Alfred Döblin “Berlín Alexanderplatz”. Habitaban entonces en él las clases más modestas, artesanos, judíos recién inmigrados de Europa del Este, taberneros, prostitutas, desempleados, etc.